Un nuevo reto va instalándose en el llamado mundo digital: la web 3.0 intenta abrirse paso generando recelos, miedos y dudas, consolidando el universo de las redes sociales, como se les llama a ese entramado de “medios sociales” donde la gente conversa como si se tratara de la antigua plaza pública, a esas plataformas que aparentemente democratizan y reparten poder a todos los que acceden a ellas.

Y aunque luzcan como novedad, en realidad “Las redes sociales han formado parte esencial de la sociedad humana desde la época de los cazadores y recolectores”, como explica el sociólogo Charles Kadushin en su libro Comprender las redes sociales. Teorías, conceptos y hallazgos (https://books.google.co.ve/books?id=8R_gAgAAQBAJ&printsec=frontcover#v=onepage&q&f=true).

Lo nuevo genera miedo, y la web 3.0 nos amenaza con apropiarse de nuestros datos, no datos sobre algo o alguien, sino datos sobre nuestra persona: nuestros estados de ánimos, nuestros gustos, nuestras inclinaciones y simpatías. Toda esa recopilación aparentemente puede encerrarnos en comunidades donde todos opinemos y pensemos igual, recibamos la misma información y vivamos en un mundo de ficción.

Los datos parecen ser el tesoro más preciado tanto para el marketing digital como para los servicios de inteligencia de los grandes países, pasando por los gobernantes en relación con sus gobernados, mientras las nuevas guerras amenazan con librarse en las redes.

Los medios tradicionales gritan: LAS REDES MIENTEN, ENGAÑAN… y el diccionario de Oxford instala como palabra del año 2016: la posverdad (http://verne.elpais.com/verne/2016/11/16/articulo/1479308638_931299.html), justo después de la victoria del presidente de Estados Unidos Donald Trump.

En estas elecciones no se habló de fraudes, de boletas dudosas, de votos mal contados, se habló de hackers rusos interviniendo en la red para favorecer al candidato que resultó ganador y los “medios serios” acusaron a los dueños de las redes de mentir o propiciar la mentira, inmaculadamente, como si los medios no mintieses nunca, y el término posverdad se impuso.

Aunque podríamos decir, rememorando a Umberto Eco en Cinco escritos morales, que la posverdad no es más que la mentira en primera plana y leída por un gran número de personas, desmentida dos o tres días después en una columna interna que nadie leerá.

Sin embargo, muchos de estos medios de comunicación tradicionales (ya sean impresos o digitales) usan los medios sociales para pedirles a sus lectores “que ante determinadas situaciones les cuenten lo que saben o han presenciado acerca de un acontecimiento” (material “Introducción al Social Media”) y lo publican sin mucha verificación.

Por otro lado, con la instauración de la web 2.0 o “el gobierno de las plataformas”,  al decir de José Van Dijck en La cultura de la conectividad, ese enredo de redes y usuarios dio a luz a un nuevo profesional: un gerente o gestor de medios sociales (o Social Media en inglés) quien, en representación de su institución, empresa o gobierno, desenredará ese enredo de redes y coordinará una estrategia de medios, respuestas, acciones y contenidos, dirigidos y diseñados para ese usuario que quiere conversar y demanda ser escuchado y tenido en cuenta.

Lo cierto es que los mensajes sí pueden ser unidireccionales, aunque siempre están pensados para un receptor, pero las conversaciones nunca lo han sido, para conversar mínimo se necesitan dos personas, y de eso se tratan las redes sociales: de conversar y ser escuchados.

Los medios sociales son manipulables ya sean digitales o analógicos, y muchas veces mienten no importa el soporte. La web 3.0 amenaza con convertirnos en datos binarios y agruparnos (o aislarnos) en comunidades.

Pero si bien los algoritmos parecieran ir por nosotros, en realidad Resulta que el azar es una buena forma de ganarle −tal vez− a la información y la inteligencia de los otros” (https://elgatoylacaja.com.ar/la-maquina-en-el-fantasma/ ) nos dicen los jóvenes científicos de El Gato y la Caja, que se definen en su discurso como creyentes:en lo digital y en el poder de llegar a todos lados. Somos bichos de Internet, la Biblioteca de Babilonia del que busca”.

La web 3.0 nos aleja definitivamente de la red de pares que soñaron los hackers en los inicios de Internet, y nos acerca a un nuevo ecosistema con las mismas verdades, mentiras y posverdades de siempre, pero con una difusión exponencial nunca antes vista.

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